Elecciones catalanas de noviembre 2003

EXPERIENCIAS DE VOTO ELECTRÓNICO. Informe

11-04-2004

El presente informe condensa una serie de reflexiones generadas por la asistencia de los autores como observadores de los ensayos no vinculantes de voto electrónico desarrollados con ocasión de las últimas elecciones autonómicas catalanas.


Índice

ELECCIONES CATALANAS DE NOVIEMBRE DE 2003
:: VOLUMEN I
Marco normativo
Consideraciones generales
Voto remoto
:: VOLUMEN II
Urna electrónica
Papeleta electrónica
Repertorio bibliográfico

Por JORDI BARRAT I ESTEVE, JOSEP MARIA RENIU I VILAMALA
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::
VOLUMEN 1
> Datos introductorios

Lewitt. Dibujo
Las pruebas de voto electrónico se desarrollaron en el marco de las elecciones parlamentarias catalanas. Se trata de unos comicios sub-nacionales o regionales que se celebraban de modo único, es decir, sin la existencia simultánea de elecciones de otro tipo. Concurrían asimismo en esta ocasión elementos políticos muy singulares ya que, por vez primera, no se presentaba el presidente del gobierno catalán de los últimos 23 años. Cataluña es una Comunidad Autónoma del Estado español con un censo electoral de 5.307.837 personas. Se trataba de las séptimas elecciones de carácter sub-nacional (1980, 1984, 1988, 1992, 1995, 1999 y 2003), caracterizadas por unos bajos índices de participación (tabla 1) que confirman su carácter de elecciones de segundo orden (WERT, 1998: 511).
Elección 1980 1984 1988 1992 1995 1999 2003
Participac (%) 61,34 34,36 59,37 54,87 63,64 59,20 62,54
Tabla 1. Índices de participación en las elecciones autonómicas catalanas,
1980-2003.


> Marco Normativo

El ordenamiento electoral catalán no contempla la utilización de medios electrónicos en el proceso de emisión y recuento de los sufragios. De hecho, a nivel español, solamente existe la regulación aprobada por el Parlamento Vasco en 1998, aunque sus previsiones, que todavía no ha sido puestas en práctica en unas elecciones parlamentarias, se hallan además en proceso de reforma (cfr. FERNÁNDEZ RIVEIRA, 2001).

Todos los experimentos que se detallan a continuación tenían un carácter no vinculante y fueron debidamente autorizados por la Junta Electoral Central que, según las explicaciones recibidas, hizo mucho hincapié en que los procedimientos de voto electrónico especificaran de forma muy clara su carácter complementario al sistema tradicional y la invalidez de todos los sufragios emitidos por esta vía.

Existe, de todos modos, un creciente interés institucional en este campo como se demuestra, por ejemplo, en la constitución de una Comisión específicamente dedicada a su análisis en el Senado o la existencia, en el seno del Consejo de Europa, de un grupo de trabajo que está elaborando unas pautas legales y técnicas destinadas a armonizar los desarrollos de voto electrónico en Europa. Vienen celebrándose, por último, de forma cada vez más frecuente, pruebas piloto como la presente1.


> Consideraciones generales

Estas pruebas suponen la continuación de otras realizadas en la convocatoria correspondiente a las elecciones parlamentarias de 1995. Entonces, bajo la supervisión de la empresa ODEC, se impulsó un ensayo más restringido con un único procedimiento de voto electrónico. Se eligieron dos colegios electorales de perfil sociológico diferente: uno urbano situado en el Ensanche de Barcelona y otro rural ubicado en el municipio gerundense de Anglés. El método de votación consistía, a través de pantalla táctil, en la grabación de la opción electoral en una tarjeta magnética que posteriormente era introducida en una urna tradicional (cfr. CANO BUESO, 2001)
(1).

Por otra parte debe destacarse que, durante el desarrollo de esta prueba piloto, ninguna de las empresas participantes facilitó el código fuente que soporta el funcionamiento de sus diferentes aplicaciones informáticas. En este sentido es sabido que, si bien el conocimiento de estos datos puede contribuir a mejorar sobremanera la auditoría y transparencia de los procedimientos de voto electrónico, los legítimos intereses de los participantes pueden impedir su publicación. En los siguientes epígrafes, se detallan las soluciones que cada empresa ha ideado para hacer compatible el secreto de su código fuente con el control público de su sistema.


> VOTO REMOTO

En este caso, el objetivo consistía en probar el sistema de voto remoto ideado por Scytl. Se trata de una compañía catalana cuyo origen cabe situar en la investigación desarrollada desde 1994 en la Universitat Autònoma de Barcelona donde «the only two European doctorates on electronic voting security have been granted» (SCYTL, 2003: [3])(2).

Estos resultados académicos dieron lugar a la creación de una spin off que, en los últimos años, ha venido desarrollando y aplicando tecnologías de voto electrónico remoto en diversos ámbitos como, por ejemplo, las elecciones internas del cuerpo catalán de policía –Mossos d’Esquadra— o, en formato vinculante, los comicios presidenciales del capítulo español del IEEE IT en 1997 (SCYTL, 2003a: 13). De todos modos, esta era la primera ocasión en la que su sistema podía ser ensayado, aun de forma experimental y no vinculante, en unas elecciones políticas de carácter general.

A tal efecto, se eligieron ciertos colectivos de electores residentes en el extranjero –concretamente los correspondientes a México, Argentina, Estados Unidos, Bélgica y Chile— que arrojaban un número absoluto de 23234 posibles votantes.


> Identificación

La legislación electoral española prevé la existencia de un CERA —Censo de Españoles Residentes Ausentes— en el que figuran todos aquellos electores que, ostentando plenamente su derecho de sufragio, no residan en España. Habida cuenta que la administración electoral debe propocionar a estos votantes procedimientos que faciliten su voto, hasta el momento se ha optado por remitir al domicilio indicado en el censo la documentación necesaria para poder emitir el voto por correo ordinario.

Aprovechando este censo, la administración electoral envió al domicilio de cada elector una carta de presentación y una credencial con los siguientes datos:

a) indicación de que tales datos estaban destinados a la prueba piloto de votación electrónica.

b) país de residencia del elector —ej.: Argentina.

c) circunscripción electoral en la que tienen derecho a ejerecer su derecho de sufragio —ej.: Tarragona.

d) credencial de votante en sentido estricto, es decir, código alfanumérico compuesto por 16 elementos —ej.: i0f7-442f-5ky8-qx9x— que permite, a la hora de lanzar la aplicación informática correspondiente, conocer, entre otros datos, la circunscripción en la que debe computarse el sufragio.

El formato de envío consistió en un documento de carácter cerrado —similar al utilizado al proporcionarnos los pin bancarios— en cuyo exterior se podía identificar tanto la administración electoral convocante de los comicios como todos los elementos anteriormente reseñados salvo el código alfanumérico que, como es lógico, solo podía leerse rasgando el documento y leyendo su contenido interior.

Al hilo de este asunto, cabe realizar diversas consideraciones. Interesa subrayar, en primer lugar, que nos encontramos ante una credencial de carácter anónimo, es decir, una credencial que no incorpora ningún dato que permita conocer la identidad del votante. Si bien tal elemento puede merecer una valoración positiva, debe tenerse presente que, salvo que el envío fuera certificado —extremo que no se detalló en la información recibida durante la jornada—, el procedimiento de remisión de las credenciales no garantiza que su receptor sea realmente la persona que legalmente tiene conferido el derecho de sufragio. Aun utilizando a tal fin los domicilios existentes en el CERA, nadie puede garantizar que el receptor de la carta sea realmente su destinatario.

Un cambio de domicilio no comunicado, un error postal o, de modo mucho más frecuente, la recepción de la carta por un familiar puede fácilmente provocar que quien realmente vote a través de Internet sea una persona no autorizada a ello.

Cada credencial cuenta asimismo con lo que parece ser un número de control situado en la parte superior del documento exterior —ej.: 21062—. Habida cuenta que se trataba de una prueba piloto, cabe suponer que los organizadores consideraron oportuno no desplegar todas las garantías de identificación que hubieran sido necesarias como, por ejemplo, una entrega personalizada de la credencial a través de una identificación adecuada del votante: mediante envíos certificados o, mucho mejor, mediante su entrega en dependencias administrativas. Debe advertirse, de todos modos, que el sistema actual de voto postal para los residentes en el extranjero también adolece de ciertas lagunas ya que tampoco garantiza que el receptor de la documentación sea efectivamente quien ostenta el derecho de sufragio.


> Aplicación informática

Fig. 1
La identificación del votante se realiza mediante la introducción del código alfanumérico que figuraba en el sobre (fig. 1). El elector puede utilizar cualquier ordenador que esté conectado a Internet y que disponga de un navegador que admita la tecnología Java. Cuando hay errores reiterados de identificación se solicita al votante que se ponga en contacto con un buzón electrónico de la empresa –no de la Administración— proporcionando el código de error que ofrece la pantalla. No se ofrece, sin embargo ningún teléfono ni dirección postal real.

Aun admitiendo la dificultad de solucionar estos problemas de forma ágil en una votación remota, quizás fuera conveniente ampliar al máximo las posibilidades de contacto entre el votante que se encuentra con dificultades y los organizadores de los comicios. Es probable que ni el teléfono ni la dirección postal solventen todos los problemas, pero palían, al menos en parte, la posible indefensión de un votante que, estando plenamente legitimado para ejercer su derecho al sufragio, topa con determinadas trabas técnicas.

Tales soluciones son muy importantes ya que la usabilidad es uno de los elementos críticos de todo sistema electrónico de votación. Todo ciudadano debería encontrar un método sencillo de ejercer su derecho y diferentes vías para solventar cualquier problema. En el caso catalán, surgieron pequeñas dificultades derivadas tanto de la confusión de los caracteres “l” y “1” del código personal como de ciudadanos que no contaban con navegadores adecuados (SCYTL, 2003c: 10-11).

Debemos preguntarnos asimismo por las consecuencias del bloqueo derivado de repetitivos intentos erróneos de identificación. ¿Se aplica al equipo desde el que se intenta acceder a la aplicación electoral o solamente al código perteneciente a un usuario individual? Ambas posibilidades tienen sus riesgos. Si se trata de una medida que afecta a un determinado equipo, y considerando la hipótesis de que nos encontremos en lugares con escasos puntos de conectividad, otros ciudadanos con derecho a voto podrían encontrar obstáculos inesperados y quizás insuperables ya que, confiando ejercer su derecho en un determinado sitio, no podrían hacerlo porque alguien inutilizó previamente ese equipo. Por otra parte, el uso fraudulento de un código, inventado al azar, pero coincidente con uno real, podría asimismo dificultar el ejercicio del derecho de sufragio por la persona legalmente habilitada. De todas formas, tras superar el trámite de identificación, la aplicación informática muestra las diversas candidaturas registradas en la circunscripción correspondiente al votante. Como es sabido, la presentación telemática de esta información debe hacerse respetando escrupulosamente el principio de igualdad de todas las fuerzas políticas que concurren en las elecciones (fig 2)
. De hecho, esta preocupación ya está presente en las votaciones tradicionales ya que la colocación de las papeletas en la cabina electoral o en las mismas mesas existentes en los colegios pueden
incitar desproporcionadamente al voto de determinados partidos.


Fig. 2
En el caso del voto remoto, las posibilidades de manipulación aumentan ya que el elector cuenta con un único canal de información consistente en la pantalla del monitor. Según cual sea su diseño, podrán fácilmente propiciarse determinados votos. En el caso de Scytl, la captura de pantalla que presentamos al margen cumple con los requisitos básicos que deben exigirse a estas presentaciones ya que, por ejemplo, han otorgado a todas las candidaturas un mismo espacio y una relevancia simbólica similar.

Cabe preguntarse, de todas maneras, qué criterio se ha seguido a la hora de ordenarlas ya que tal disposición también puede favorecer uno u otro voto. Habida cuenta de la imposibilidad de favorecer a todos por igual, podría optarse por un listado que reprodujera de mayor a menor los partidos según su apoyo popular, podría asimismo sortearse su colocación o podría optarse por una clasificación alfabética. En el caso de Scytl, el criterio elegido parece consistir en el orden cronológico de proclamación de las diversas candidaturas en cada circunscripción.

Fig. 3
La aplicación también incorpora un dispositivo que permite visualizar el conjunto de candidatos que se presentan bajo las siglas de una misma formación política (fig. 3). Como es sabido, la ley electoral catalana establece un sistema de listas cerradas y bloqueadas, es decir, un modelo en el que elector únicamente puede escoger entre varias candidaturas colectivas, pero en el que no tiene autorización para modificar la composición
de cada una de estas listas.

De este modo, la capacidad del votante se halla notablemente disminuida al menos si establecemos una comparación con otras opciones como las listas cerradas desbloqueadas –actualmente sin aplicación en España— o las listas abiertas –utilizadas en el Senado—. Pese a todo, el Tribunal Constitucional viene sosteniendo que nuestro ordenamiento jurídico atribuye la titularidad de la representación al candidato considerado individualmente. Sea cual sea, por lo tanto, el modo de elección, la relación representativa principal se establece entre el ciudadano y una persona que ejercerá su labor como representante. Los partidos políticos tienen desde luego un elevado protagonismo, pero la titularidad del escaño corresponde a cada diputado o senador.

A estos efectos, puede resultar interesante contrastar la solución informática propuesta por Scytl con la filosofía que subyace en nuestro sistema representativo. Obsérvese, en este sentido, como la aplicación muestra en primer lugar las siglas de cada candidatura y exige un segundo movimiento para que el ciudadano visualice los nombres que integran cada formación. Tal diseño fortalece, aun más si cabe, el protagonismo de los partidos políticos ya que, aun siendo solamente a nivel simbólico, se obliga al votante a pensar primero en el partido y solo después en las concretas personas que representan a esa formación. El sistema tradicional permite, en cambio, recibir de forma más o menos simultánea ambos datos.

Es cierto, de todos modos, que, sin perjuicio de la doctrina jurisprudencial señalada, la partitocracia se halla presente de forma muy intensa en la práctica totalidad de nuestro sistema político. Cuestiones como la presente, referidas solamente al diseño, suponen únicamente un refuerzo marginal de un proceso con un calado mucho más hondo. Al hilo de esta comparación entre sufragio tradicional y electrónico, la implementación de las posibilidades de voto en blanco y sobre todo la de voto nulo suele plantear problemas. Debe advertirse, en este sentido, que, desde una óptica democrática, ambas opciones aportan significativos valores que enriquecen los procedimientos de participación ciudadana. Sin perjuicio de su carácter numéricamente marginal, todo sistema electrónico debería diseñarse de tal forma que los votantes pudieran, al igual que ahora, hacer valer ambas posibilidades.

El voto en blanco no suele plantear grandes problemas ya que, a fin de cuentas, consiste en la emisión de un voto similar al resto con la única particularidad de que el espacio destinado a la candidatura no se rellena. Scytl incluye tal opción
mediante un recuadro en blanco que completa la exposición de todas las candidaturas.

Adviértase, de todas formas, que la legislación vigente en España describe este voto, salvo en el caso del Senado, como todo «sobre que no contenga papeleta» (art. 96.5 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General —LOREG). No se trata, por lo tanto, de otra papeleta o incluso de un papel en blanco, sino de la ausencia de papeleta. Aunque la legislación está lógicamente pensada para el voto presencial y cabe prever su modificación en el caso de introducción del voto electrónico, conviene retener la definición actual de este tipo de sufragios para que las alteraciones generadas por la informatización del proceso sean solamente las indispensables.

El voto nulo plantea muchos más interrogantes. Nótese, en primer lugar, que estos votos no pueden limitarse a los casos de error del votante, sino que también deben incluir aquellos supuestos en los que el ciudadano emite de forma consciente un voto nulo (cfr. art. 96LOREG –apartados 1 a 4—). La invalidación deliberada de un voto conlleva una carga democrática enorme en la que subyace una voluntad participativa del ciudadano que, aun pronunciándose de forma un tanto singular, no debe marginarse.

En este sentido, los sistemas de voto electrónico deben procurar incluir procedimientos que se asemejen a los actuales votos nulos tradicionales. Obsérvese que la solución más sencilla, consistente en añadir otra casilla correspondiente al voto nulo, no refleja con exactitud la potencialidad democrática que se manifiesta, hoy por hoy, en los comicios tradicionales. El voto nulo no es una opción suplementaria, como la del voto en blanco, sino la manipulación errónea —aunque seguramente deliberada— de un voto válido. El ejemplo más claro consiste en las tachaduras o comentarios que a veces se añaden en determinadas papeletas. Se trata lógicamente de votos nulos, pero nuestra reflexión debe ir más allá considerando que el ciudadano no ha pretendido solamente emitir un voto inválido, sino manifestarse de forma más concreta y detallada.

¿Cómo puede plasmarse tal espontaneidad en los procedimientos de voto electrónico? Es seguramente difícil, pero no por ello debe dejar de intentarse. La habilitación de una casilla específica para el voto nulo es una de las soluciones posibles, aunque imperfecta. Lamentablemente, Scytl no incluye ni esta posibilidad ni opciones más avanzadas que permitirían al ciudadano comportarse de forma parecida a los comicios presenciales. El siguiente paso consiste en votar, es decir, en apretar la casilla con el indicativo Emitir el Voto. Aparece posteriormente otra pantalla en la que se solicita confirmar dicha elección o, en caso de que se considere necesario, cambiar el voto regresando a la pantalla anterior.

Fig. 4
Una vez confirmada la opción elegida por el votante, llegamos a uno de los aspectos más problemáticos de todo sistema de voto electrónico. Nos referimos a los mecanismos de comprobación gracias a los que el ciudadano puede verificar que su voto ha sido efectivamente computado por la aplicación informática.

Scytl prevé, en este sentido, la emisión de un recibo de votación (fig. 4) en el que se informa al elector de que el voto ha sido recibido y almacenado con éxito y se le proporciona, mediante dos series alfanuméricas, tanto un identificador del voto como un código de control de tal forma que el votante podrá verificar posteriormente que el voto al que se refieren dichos códigos ha sido efectivamente procesado. A tal efecto, tras la finalización de la jornada electoral, la administración electoral publicó un listado de los códigos utilizados. La aplicación permite asimismo que el recibo sea imprimido o guardado en el ordenador.

Obsérvese, de todas formas, que el recibo no especifica la opción electoral del votante, es decir, se limita a proporcionar unos códigos, pero no detalla cuál ha sido la candidatura elegida. El ciudadano no tendrá, por lo tanto, un documento que acredite la orientación de su voto, sino solamente que determinado sufragio ha sido emitido. Tal solución ofrece ciertas ventajas, pero también inconvenientes. Entre las primeras, cabe señalar que algunos autores defienden la inoportunidad de proporcionar a los votantes un documento en el que figure su orientación ideológica ya que tal mecanismo podría incentivar la corrupción mediante presiones sobre el votante o a través de compraventa de sufragios. El hecho de que nadie, ni el propio votante, pueda certificar a posteriori el sentido de su voto le proporciona la total seguridad de que, aun habiendo recibido presiones, podrá ejercer con plena libertad su derecho al sufragio ya que nadie podrá exigirle un comprobante (cfr. MITROU, 2002: 19).

Ahora bien, debe destacarse que las garantías frente a una eventual coerción del ejercicio del sufragio se hallan debilitadas en cualquier procedimiento que permita su emisión remota, sea por vía postal o electrónica. En este sentido, el hecho de que el comprobante no especifique el sentido del voto solo agravaría una situación difícilmente subsanable. Sea cual sea el formato del comprobante, siempre deberá preverse la existencia de esta posible coerción y deberán implementarse mecanismos que intenten paliarla como la prohibición de emitir este voto desde los centros de trabajo (cfr. MITROU, 2002: 18-19) o la aprobación de medidas penales disuasivas. Por otra parte, también es cierto que la ausencia de un comprobante más detallado impide, en contraste con alguno de los sistemas que se analizarán con posterioridad, un eventual control alternativo por métodos tradicionales, es decir, mediante el recuento manual de todos los recibos emitidos. La fiabilidad de todo el sistema descansa, por lo tanto, en los protocolos informáticos internos de tal manera que, como ya veíamos al principio, los mecanismos de control sobre esos elementos emergen como un factor crucial. El hecho de no contar con un comprobante físico debe traducirse en un mayor control y transparencia del programa informático ya que, en caso contrario, la credibilidad del procedimiento de votación en su conjunto podría verse gravemente comprometida.

Adviértase, de todas formas, que la ausencia de recuento tradicional no obedece solamente al formato del comprobante, en el que no se incluiría el sentido del voto, sino también a la difícil concreción práctica de tal escrutinio. En este sentido, resulta harto difícil imaginar como podría llevarse a cabo una comprobación tradicional de los sufragios emitidos de forma remota sin reintroducir en el procedimiento el fárrago administrativo que precisamente pretendíamos suprimir con el voto electrónico.


> Seguridad y detalles técnicos

Las explicaciones recibidas durante la jornada electoral hicieron hincapié en diversos rasgos técnicos del sistema Scytl conducentes a incrementar la seguridad del procedimiento. Cabe señalar, por ejemplo, que el sistema no permite conocer resultados parciales durante la jornada proporcionando solamente datos de participación. También impide que las claves de los abstencionistas sean usadas por personas con privilegios de acceso.

Según las explicaciones recabadas, el elemento fundamental del programa consiste en la separación entre «critical and non-critical [computer] modules» (RIERA JORBA, 2003: 5). Los primeros están situados en los dos extremos del proceso: una aplicación para el votante y otra para la Administración electoral. Partiendo de la dificultad de garantizar la corrección de todos los elementos informáticos que intervienen en el sistema, bastaría con someter los dos módulos críticos a una completa auditoría para ofrecer a los ciudadanos una procedimiento fiable de votación electrónica remota. La aplicación del votante en un pequeño applet. Coloca la información de cada sufragio en sobres digitales que son posteriormente almacenados hasta la finalización de la jornada electoral. Nadie puede abrirlos ya que solamente los miembros de la Administración electoral conocen las contraseñas necesarias. El sistema, por último, admite un funcionamiento multicanal mediante telefonía celular o pantallas táctiles.

Sea como sea, reflexionar sobre las características técnicas de los sistemas electrónicos de voto conduce irremediablemente a interrogarnos sobre los procedimientos de control y auditoría. Tales mecanismos son especialmente relevantes en los casos, como el presente, de control remoto ya que, una vez vistas las dificultades para implementar un registro físico de comprobantes de voto, la única posibilidad de ofrecer una garantía total y absoluta del sistema consiste en conocer, mediante las auditorías pertinentes, el código fuente utilizado por los organizadores. Los responsables de Scytl afirman incluso que «the current technology can and must go further, and provide audit trails that are safer and more dependable than paper-based ones» (RIERA JORBA, 2003, 8). Se trata, en definitiva, del debate recurrente entre la necesidad de publicar los códigos de estas aplicaciones y los intereses empresariales subyacentes.

En el caso de Scytl, debe señalarse que la empresa organizadora no puso a disposición de los observadores el código que sustenta su aplicación informática con lo que, a falta de mayor información, resulta imposible emitir un juicio razonado sobre si los protocolos internos de funcionamiento respetan los principios jurídico-democráticos necesarios en todo comicio. De todas formas, los responsables de Scytl articularon un sistema de control que, aun no conociendo los detalles informáticos internos, tenía como misión garantizar la credibilidad de todo el proceso realizado.


> La Administración electoral

Habida cuenta de que se trataba de un ensayo no vinculante de voto electrónico, los organizadores crearon una singular Mesa Electoral compuesta por un representante de cada partido político con presencia parlamentaria en Cataluña y dos miembros de la administración electoral catalana. Cada uno de los componentes disponía de una fracción de la clave necesaria para abrir la urna digital necesitándose para su reconstrucción un mínimo de cinco fracciones sobre siete. Tal operación se realiza sobre un ordenador completamente aislado al que se han trasladado, mediante un dispositivo flexible de almacenaje, los datos que el servidor ha ido recabando durante la jornada electoral. Un técnico perteneciente a Scytl inicia la apertura con su clave personal. Cada miembro de la Mesa cuenta con una tarjeta inteligente —en el futuro biométrica con huella digital— que se introduce en un lector para después teclear la contraseña correspondiente.

Debe advertirse, por último, que, por cuestiones protocolarias, los resultados electorales no se dieron a conocer inmediatamente después de la apertura de la urna. El representante institucional del Gobierno catalán había solicitado poder ofrecerlos en primicia al público en general.


> Consideraciones socio-políticas

Atendiendo a las cifras oficiales (tabla 2), sobre un total de 23234 electores censados, solamente 730 personas hicieron uso de la posibilidad de ensayar estos mecanismos. Se trata, por lo tanto, de un escaso 3,14% de participación. Ahora bien, debe tomarse en consideración que, al tratarse de electores residentes en el extranjero, el porcentaje habitual de participación en las convocatorias ordinarias suele ser bastante más reducido que el que se produce en las cuatro circunscripciones catalanas. En realidad, solo un 20% de estos electores suele hacer uso de su derecho de sufragio. Si tomamos, por lo tanto, como referencia el número de electores que normalmente vota, un 15,23% de ellos ha considerado conveniente ensayar esta nueva modalidad de voto remoto (tabla 3).

Censo Votantes %
23234 Voto Real 4.794 20,63
Prueba Piloto 730 3,14
Tabla 2. Índices de participación en las votaciones del CERA.

Sea como sea, lo cierto es que los resultados siguen siendo bajos y se hallan bastante lejos de los obtenidos por las otras modalidades ensayadas ese mismo día. La utilización del voto remoto se encuentra muchas veces revestida de un cierto halo mitológico según el cual la simple posibilidad de ejercer el derecho de voto mediante Internet debería redundar en un incremento espectacular de la participación. No sólo dicha condición de panacea respecto a la mejora de la participación electoral es infundada (cfr. L.G.A., 2002), sino que los datos obtenidos en algunas pruebas piloto sectoriales han arrojado valores descorazonadores .

Origen Votantes reales Votantes piloto % Pilotos/Reales
Argentina 3.034 290 9,56
México 68 154 226,47
EE UU 409 158 38,63
Chile 651 73 11,21
Bélgica 632 55 8,7
TOTALES 4.794 730 15,23
Tabla 3

Resulta interesante asimismo considerar en cada país el peso de los votantes piloto respecto de los votantes reales o tradicionales (tabla 3). Si bien esta medida únicamente nos transmite una cierta información del grado de coincidencia entre la participación en ambas modalidades de voto, lo cierto es que nos encontramos con un dato realmente sorprendente. En el caso mexicano, los valores de los votantes piloto doblan sobradamente a los votantes tradicionales. Una explicación tentativa pudiera ser aquélla que incidiera en el propio contexto social mexicano, donde la efectividad del servicio postal se aleja bastante de los estándares catalanes, en el grado de dispersión de la comunidad catalana o en la participación del Centro Catalán de México en la experiencia.

Por otro lado, la distribución de los votos remotos en cada uno de los países muestra que los residentes ausentes se dividen en dos grandes grupos. Por un lado los residentes en el continente americano (Estados Unidos, México, Chile y Argentina) otorgan mayoritariamente su apoyo a CiU así como a ERC. En este sentido, el sesgo nacionalista de dichos resultados quizás obedezca a la lejanía respecto a Cataluña, lo que sin duda acentuaría el sentimiento identitario. Por el otro, los catalanes residentes en Bélgica sitúan al PSC-CpC en primer lugar de sus preferencias, en una línea más similar a lo sucedido en la votación convencional.

En cualquier caso resulta interesante señalar que el carácter no vinculante y, por lo tanto, piloto de la prueba conlleva un cierto sentimiento de experimentación que se plasma, en algunos casos, en la emisión de votos de protesta o con un cierto componente folklórico. Es así como deben entenderse los votos recibidos por formaciones como Estat Català o el Partit Comunista del Poble d’Espanya en México (tabla 4), Una altra democràcia és possible o Españoles bajo el separatismo en Chile (tabla 7) u otra vez el Partit Comunista del Poble d’Espanya o el Partit Humanista de Catalunya en Argentina (tabla 8).

MÉXICO - Censo 4.528
Emitidos Abstención Nulos Blanco Candidat. Válidos
Votos Reales 68
(1,5%)
4.460
98,50%
No disponibles
Prueba
Piloto
154
(3,4%)
4.374
96,60%
0 1
0,65%
153
99,35%
154
100%
Candidaturas Votos %
Convergencia i Unió 89 57,79
Esquerra Republicana de Catalunya 27 17,53
Partit dels Socialistes de Catalunya-CpC 23 14,94
Partit Popular 6 3,90
Estat Catalé 2 1,30
Els Verds - L'Alternativa Ecologista 2 1,30
Partit Comunista del Poble de Catalunya 2 1,30
Otros 2 1,30
Tabla 4. Resultados en las votaciones del CERA en México
(voto real y voto
remoto).



EE UU - Censo 4.210
Emitidos Abstención Nulos Blanco Candidat. Válidos
Votos Reales 409
(9,71
%)
3.801
90,29%
No disponibles
Prueba
Piloto
158
(3,75%)
4.052
96,25%
0 1
0,63%
157
99,37%
158
100%
Candidaturas Votos %
Convergencia i Unió 58 36,71
Esquerra Republicana de Catalunya 34 21,52
Partit dels Socialistes de Catalunya-CpC 27 17,09
Partit Popular 17 10,76
Iniciativa per Catalunya Verds 13 8,23
Otros 8 5,07
Tabla 5. Resultados en las votaciones del CERA en EE UU
(voto real y voto
remoto).



BÉLGICA - Censo 1.876
Emitidos Abstención Nulos Blanco Candidat. Válidos
Votos Reales 632
(33,69%)
1.244
66,31%
No disponibles
Prueba
Piloto
55
(2,93%)
1.821
97,07%
0 2
0,65%
53
96,36%
55
100%
Candidaturas Votos %
Partit dels Socialistes de Catalunya-CpC 21 38,18
Convergencia i Unió 16 29,09
Esquerra Republicana de Catalunya 8 14,55
Partit Popular 2 3,64
Iniciativa per Catalunya Verds - Esq. Alt. 2 3,64
Els Verds - L'Alternativa Ecologista 2 3,64
Otros 2 3,64
Tabla 6. Resultados en las votaciones del CERA en Bélgica
(voto real y voto
remoto).



CHILE - Censo 2.081
Emitidos Abstención Nulos Blanco Candidat. Válidos
Votos Reales 651
(31,28%)
1.430
68,72%
No disponibles
Prueba
Piloto
73
(3,51%)
2.008
96,49%
0 5
6,85%
68
93,15%
73
100%
Candidaturas Votos %
Convergencia i Unió 25 34,25
Partit dels Socialistes de Catalunya-CpC 24 32,88
Partit Popular 11 15,07
Esquerra Republicana de Catalunya 3 4,11
Una Altra Democràcia és Possible 2 2,74
Els Verds - L'Alternativa Ecologista 2 2,74
Españoles Bajo el Separatismo 1 1,37
Tabla 7. Resultados en las votaciones del CERA en Chile
(voto real y voto
remoto).



ARGENTINA - Censo 10.539
Emitidos Abstención Nulos Blanco Candidat. Válidos
Votos Reales 3.034
28,79%
7.505
71,21%
No disponibles
Prueba
Piloto
290
2,75%
10.249
97,25%
0 2
0,69%
288
99,31%
290
100%
Candidaturas Votos %
Convergencia i Unió 185 63,79
Partit dels Socialistes de Catalunya-CpC 54 18,62
Esquerra Republicana de Catalunya 13 4,48
Partit Popular 11 3,79
Iniciativa per Catalunya Verds - Esq. Alt. 4 1,38
Partit Comunista del Poble de Catalunya 4 1,38
Els Verds - L'Alternativa Ecologista 4 1,38
Partit Humanista de Catalunya 4 1,38
Otros 9 3,08
Tabla 8. Resultados en las votaciones del CERA en Argentina
(voto real y voto
remoto).

NOTA. Todos los datos de estas tablas proceden de la información institucional proporcionada por la Generalitat de Catalunya y del informe elaborado por SCYTL sobre esta experiencia de voto electrónico.

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(1) El plan de trabajo seguido por los observadores consistió en una visita, el sábado día 15, al Centro de Recogida de Información para posteriormente, el domingo día 16, desplazarse a Canyelles, uno de los cinco municipios catalanes en los que se desarrollaron las pruebas con los sistemas de votación de Indra y Demotek. Por otra parte, los responsables de Scytl facilitaron información sobre su sistema tanto en la mañana del domingo 16 como en la apertura de la urna virtual el mismo día a las veinte horas, es decir, coincidiendo con el cierre de los colegios electorales.
(2) Se trata de las tesis realizadas por Joan BORRELL y Andreu RIERA I JORBA (SCYTL, 2003a: 13).


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Texto. Jordi BARRAT I ESTEVE · TU Derecho Constitucional, Universidad de León · dpbjbe@unileon.es. Josep Maria RENIU I VILAMALA, AU Ciencia Política y de la Administración Universitat de Barcelona · jreniu@ub.edu



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--Jordi Barrat i Esteve

Miembro analista del OVE, Profesor de Derecho Constitucional y experto jurídico en democracia electrónica
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--J. M. Reniu i Vilamala

Analista . Profesor, Doctor de Ciencias Políticas
y de la Administ. de la Universidad de Barcelona
•••